Transformación

Desde hace una década y media, el mundo juvenil ha adoptado una cultura de perfección física importante, una que ha sido impulsada y apoyada por muchas asociaciones alrededor del mundo,  algo que me parece un  excelente paso que se puede tomar, ya que el buscar una transformación física también significa el tener una transformación ideológica que impulse al pensamiento en convertirse en acción de lo contrario esta evolución no podría pasar. Este impulso es un impulso importante que las juventudes alrededor del mundo necesitaban de manera urgente puesto a que durante la década de los ochenta, la obesidad incremento fuertemente en los jóvenes.

Sin embargo, naturalmente, no toda la juventud lleva acabo esta encomienda de transformación, aunque la mayoría de los jóvenes lo tienen en la mente. Esto se debe a que el llevar acabo esta metamorfosis no es nada sencillo y requiere de muchas cosas indispensables, entre ellas una voluntad de hierro.  Desafortunadamente, no todas las personas nacemos con esa cualidad aunque todos y todas la podemos desarrollar si es que nos convertimos en un campo de cultivo de voluntad.

Curiosamente el cultivo de la voluntad es algo que requiere voluntad lo que significa que esta virtud se crea a si misma. Sin embargo, la voluntad no se puede crear a si misma si no tiene un campo fértil donde se pueda cultivar, un campo cuyo fertilizante y estimulante proviene estrictamente de la substancia del deseo, siendo este de las fuerzas propulsoras en el universo. Por esta razón,  es necesario entender la relación intima que existe entre la voluntad y el deseo, donde la tierra de dicho cultivo esta en el desear y el fruto se encuentra en el hacer.

Asimismo, el deseo tiene también su predecesor, un predecesor que es el componente principal del deseo. Este componente es el resultado de una evaluación y de un examen que da la dirección necesaria para el nacimiento del deseo. Esta evaluación cuyo resultado es el  deseo que da pie a la voluntad, tiene asimismo su propio predecesor que es la curiosidad. Imperativamente, hemos de saber que la curiosidad es el combustible de casi todo lo que se hace y se piensa nace. La curiosidad en sí, es algo que se puede manipular y desarrollar con el saber, ya que todo aquel buen estudioso del saber entiende entre mas sabe lo grande que es lo que ignora ergo el dicho del sabio Sócrates “Yo solo sé que no se nada.”

El saber también es el equivalente a la balanza digital, donde nuestras fuerzas y debilidades se exponen con tanta claridad como en la balanza expresa numéricamente el peso atómico de lo que se le coloque. Así pues, tenemos que saber para desarrollar una curiosidad que llevara a la conducción de una autoevaluación, misma que dará pie al deseo que cultivara la voluntad misma que es necesaria para una verdadera transformación.

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