Escribiendo desde las sombras

El sueño de ser escritor nació desde que me encontraba en la preparatoria, cuando redactaba textos para el periódico escolar. Muchos de ellos los destacaban profesores y el director, motivándome a formar del mundo de las letras, un mundo desconocido para mí pero que me ilusionaba. Así que ingresé a la facultad de filosofía y letras en contra de la voluntad de la mayoría de mi familia, hablando de tíos, tías, primos y abuelos. Sólo mis padres me apoyaban, no porque les gustara la idea, sino porque no querían ser ellos quienes pusieran fin a mi anhelo de ser escritor.

“Te vas a morir de hambre”, “Ya nadie lee” o “Mejor estudia medicina, ahí ganarás mucho dinero y salvarás vidas” eran algunas de las frases que recibía en cada una de las reuniones. Si bien no quebrantaban mi ilusión, eran piedras que aterrizaban en mi alma y mi corazón y los debilitaban. Haciéndome dudar en cada paso que daba rumbo a una vida llena de historias, personajes y ambientes. Pero las frases comenzaron a retumbar cuando al terminar la carrera comencé a trabajar como editor de textos, empleo en el que estuve por casi tres años y no había podido publicar nada. Me mudé a un cuarto barato, donde sólo estaba la sala y la cocina, un baño y un cuarto que parecía armario, donde sólo cabía mi cama. Era para lo que me alcanzaba. Fue en ese momento cuando las frases de mis familiares comenzaron a retumbar en mi mente, que les daba la razón. Resignado y con el alma ahogada en lágrimas que no habían logrado salir a través de mis ojos.

Tenía tantas historias incompletas arrumbadas en cuadernos, hojas regadas por el suelo, hasta que un día tomé la máquina de escribir que me regaló mi abuelo, una de las pocas personas junto a mis padres que en verdad me apoyaron. Saqué un bonche de páginas, tomé un cajón que servía de mesa y una de las sillas plegables que funcionaban como sala y comencé a verter mi odio y rencor con la vida en cada tecleada. Regresaba el cursor con odio y las lágrimas por fin salieron. Hundido en las sombras y ganando lo mínimo para sobrevivir, así vio la luz mi primer publicación. Después de año y medio de escribir, un par de editoriales me ofrecieron publicarla. Pero la primera que confió en mí fue la que se lo llevó. No fue un best seller pero me dio a conocer en el mundo. Sobre todo me permitió recobrar la confianza y seguí escribiendo desde las sombras, pues mi segundo libro, una novela romántica mucho más rosa fue un rotundo fracaso, todos esperaban ver más de la oscuridad. Así que seguí rentando el cuarto donde había escrito mi primer novela, además de uno nuevo y más amplio en una mejor zona, para poder hundirme en las sombras. Era uno cuando estaba dentro de ese cuarto y otro al abandonarlo.

Si las editoriales querían trabajar conmigo debían aceptar que trabajaba a máquina de escribir, la de mi abuelo. Sentía como si su alma estuviera presente en ella y guiara mis dedos para escribir con tanta oscuridad que llenara de luz el alma de los lectores.